sábado, 15 de enero de 2011
¡ SER O NO SER... PERO DE CRISTO. !
Gálatas 5:24: Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
Tanto engaño religioso hoy en día, hace cada vez más difícil, al alma, comprender que es “ser de Cristo.”
Predicaciones meramente emocionales y carentes de contenido bíblico, hacen creer a muchos que son de Cristo, cuando en realidad nos lo son. ¿Cómo saberlo en verdad? ? ALGUNOS CREEN QUE SON DE CRISTO PORQUE: Concurren asiduamente a una iglesia... Están involucrados en actividades de la iglesia y colaboran con muchas tareas... Cantan y alaban, con gran emoción, conmoviéndose hasta las lágrimas... Porque fueron bautizados en agua... Porque han pasado una experiencia emocional que los impactó... Porque sus padres son cristianos... En fin la lista... podría ser interminable... pero preguntarás: ¿Qué significa ser de Cristo realmente? Ser propiedad de Cristo, es haber aceptado ser “comprado por Él”, es decir, haber creído con fe, que la obra efectuada en la cruz, es un acto de redención, que nos salvó de la condenación eterna. Aquel pecador arrepentido, Dios le hace su hijo, dándole el “sello de propiedad” del Espíritu Santo, en su corazón. Efesios 1:13 En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. No es “cualquier sello” producto de la determinación humana, o de la emoción del momento. Es nada menos que el “sello del Espíritu Santo”, un sello de carácter permanente, que imprime una nueva vida, en aquel corazón que estaba muerto en la concupiscencia del pecado. Los que tienen “este sello”, nos dice la Biblia, han crucificado su carne, es decir, todos aquellos pecados que antes tanto le deleitaba, ahora ya no hay mas placer en ellos, ya que la santidad de Cristo palpita en este nuevo corazón. Estos han tenido la victoria de crucificar su carne, junto con los vicios del pecado. Antes el pecado les oprimía como cadenas de las que no se podían soltar, pero ahora, Cristo ha hecho posible su libertad, gracias al triunfo de la cruz. !
Estimado amigo/a: ¿Haz crucificado tus pecados? ¿Los haz llevado a la cruz para hacerlos morir? ? ¿Quieres ser de Cristo, sin dejar el alcohol, el tabaco, o cualquier otro vicio? ? ¿Quieres ser de Cristo, sin renunciar a una vida promiscua o de adulterio? ? ¿Quieres ser de Cristo, sin dejar de ser violento e iracundo? ? ¿Quieres ser Cristo sin dejar de amar a este mundo y su pecado? ? IMPOSIBLE! Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus afectos y concupiscencias! Puedes engañarte a ti mismo, pero no a Dios.
¿Será hoy el día de la verdadera crucifixión interior, de tus pecados? ? Si es así... SERAS DE CRISTO!
2Timoteo 2:19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
jueves, 6 de enero de 2011
viernes, 31 de diciembre de 2010
miércoles, 8 de diciembre de 2010
EN CAMPAÑA
Cuando tenía unos 30 años salió de su pueblo. Lo primero que hizo Jesús fue juntarse con el pueblo pecador (Lc. 3,21) para recibir el bautismo de que impartía Juan el Bautista. Aunque Jesús no tenía pecado (Jn. 8,45; Hebr 4,15) era solidario con su pueblo, uno más entre ellos. Los evangelios nos dicen que ese Jesús, que siempre fue Hijo de Dios, por ese hacerse hermano solidario de los hombres, fue proclamado públicamente: "Tu ere mi Hijo a quien yo quiero, mi predilecto" (Mc. 1,11) ¿Podemos ser "hijos de Dios" si no somos hermanos solidarios de los hombres?
Juan el Bautista había reprendido al Rey Herodes por el escándalo que daba viviendo como un adúltero con una que no era su mujer, que además era su cuñada, casada, "y por sus demás crímenes" (Lc. 3,19-20). Herodes lo puso preso (más tarde le cortó la cabeza, débil ante la ambición, odio y espíritu vengativo de su concubina: Mc. 6,17-29).
"Cuando entregaron a Juan, Jesús se fue a Galilea a proclamar de parte de Dios la buena noticia", que Dios viene a reinar entre nosotros: "Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios" (Mc. 1,14-15).
Y presenta su programa:
"El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar al año de gracia del Señor" (Lc. 4,18-19).
E inmediatamente se pone Jesús a mostrar en qué consiste concretamente ese reinado de Dios, por dónde comienza:
- y busca un grupo de seguidores, que sean amigos suyos y amigos entre sí, amigos en el Señor (Mc. 1,16-20; 2,14; 13-19);
- combate el poder de los espíritus del mal, los expulsa, libera de ellos al hombre (Mc. 1,23-28); la ignorancia era mayor en aquellos tiempos, y eran muchas las personas a las que los "espíritus" atormentaban el cuerpo y el alma;
- cura, restaura la vida del pueblo para el servicio (Mc. 1,29-34: en cuanto a la suegra de Pedro "se le pasó la fiebre y se puso a servirles");
- libera de su enfermedad, vergüenza y soledad al leproso marginado por la familia y la religión, y lo reintegra a la sociedad (c. 1,36-39);
- perdona y cura al pecador atormentado y paralítico (Mc. 2,1-12);
- denuncia que no hay cosa más impura que el puritanismo de los "justos", "separados", que desprecian a los que no son "puros" como ellos (Mc. 2,13-17);
- respetará viejas costumbres de personas y grupos, pero sin admitir componendas, remiendos, mezclas, encorsetamientos para la novedad revolucionaria de su "evangelio" (Mc. 2,18-22);
- defiende, arriesgando conscientemente la vida, que el hombre y sus necesidades primordiales están antes que cualquier ley, aun la religiosa (Mc. 2,23-27);
- que la ayuda al necesitado (y es nada menos que "hacer bien", "salvar una vida") está por encima de todas las normas, aun las religiosas (Mc. 3,1-5).
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Amar a Jesús
Jesús, hermano (Rom 8,29), amigo (Jn 15,16), concédeme el gran don de conocerte y amarte de forma que por tu amor sea capaz de perderlo todo (Flp 3,8). Que lo único que me importe en la vida sea ganarte a ti, Jesús, y encontrarme contigo, desprovisto de todo mérito personal (Flp 3,9).
Quiero probar el poder de tu resurrección, teniendo parte en tus sufrimientos (Flp 3,10). Quiero proseguir mi carrera hasta alcanzarte, Cristo Jesús, sabiendo que tú ya me has dado alcance (Flp 3,12).
Estoy lejos de esta meta, pero quiero correr con constancia en esta prueba, fijos siempre los ojos en ti, como pionero y consumador de la fe (Heb 12,1s).
Quiero despojarme del hombre viejo y de su manera de vivir, para revestirme del hombre nuevo (Col 3,9). Para ello necesito estar crucificado contigo, Cristo Jesús, de forma que no sea yo el que viva, sino que seas tú el que viva en mí (Gál 2,19s).
Tú eres “el que nos ama” (Ef 6,24). Te entregaste por nosotros (Gál 2,20), amándonos hasta el extremo (Jn 13,1). Señor Jesús, concédenos amarte con un amor inquebrantable (Ef 6,24). Que con toda sinceridad, Jesús, tú seas la esencia de nuestra vida (Flp 1,21).
Te ruego que yo a mi vez te sepa amar apacentando a tus ovejas (Jn 21,15). Sé que todo lo que haga con mis hermanos más pequeños te lo hago a ti mismo en persona (Mt 25,40). Y si peco contra un hermano, peco contra ti mismo (1 Cor 8,12). Enséñame a quererte, Jesús, queriendo a nuestros hermanos como tú mismo los quieres (Jn 15,12).
Que te veamos siempre como nuestro hermano mayor (Rom 8,29), el primogénito de toda la creación (Col 1,15).
Que tú seas siempre nuestra cabeza, Jesús, y nosotros, tus miembros, ramas todos de un mismo tronco, cada vez más al servicio los unos de los otros (Jn 4,15s).
Que tú seas siempre para nosotros el Primero y el Ultimo (Ap 1,17), el Principio y el Fin (Ap 21,6).
Que siempre te miremos como al Testigo fiel y verdadero (Ap 3,14), como Palabra de Dios (Ap 19,13), Dueño del Universo (Ap 19,6), Rey de reyes y Señor de señores (Ap 19,16).
Tú eres el Señor de la vida (Hch 3,15), la piedra angular (Ef 2,20), el Jefe único (Mt 23,10).
Eres Señor para gloria de Dios Padre (Flp 2,11): el Señor de todos (Hch 10,36), que está en todo y en todos (Col 3,11). Eres la Cabeza de todos (Col 2,10).
¿A dónde iríamos lejos de ti, que tienes palabras de vida eterna? (Jn 6,68).
Tú has muerto y resucitado para ser Señor, tanto de los vivos como de los muertos (Rom 14,9).
Atráeme hacia ti, Jesús, ya que para ello has sido levantado sobre la tierra (Jn 12,32).
Con tu sangre nos has comprado para Dios (Ap 5,9). Tú nos has rescatado para ser de Dios (Ap 14,4).
Haz lavar y blanquear mis vestiduras con tu sangre (Ap 7,14), Cordero degollado que te mantienes siempre de pie (Ap 5,6).
Mi pobre rama se secaría si no estuviera unida a ti, que eres la vid; pero unido íntimamente contigo, y debidamente podado, sé que produciré mucho fruto (Jn 15,1-5).
Quiero escuchar tu voz y abrirte mi puerta, para que entres a mi casa y comamos juntos (Ap 3,20).
Deseo ver tu rostro y llevar tu nombre sobre mi frente (Ap 22,4). Soy un sediento que se acerca a ti para recibir gratuitamente el agua de la Vida (Ap 22,17). Dame a beber del río de la Vida , puro como el cristal, que brota de tu trono (Ap 22,1).
Cordero de Dios, derrama tu luz sobre nosotros (Ap 22,5). Que tu lámpara me ilumine para siempre (Ap 22,1). Que nadie me saque nunca de tu mano (Jn 10,28).
Prepáranos, como tu novia tuya, vestida de lino radiante de blancura (Ap 19,8), engalanada en espera de su prometido (Ap 21,2).
Sí, ven Señor Jesús (Ap 22,20). ¡Que reine nuestro Dios y su Cristo mande! (Ap 12,10).
sábado, 30 de octubre de 2010
FE Y BUENAS OBRAS
Hermanos míos, ¿de qué puede servir que alguien diga que tiene fe si no hace el bien? ¿Lo podrá salvar esa clase de fe? Supongamos que un hermano tiene necesidad de vestido o comida. Llega uno de ustedes y le dice: ¡Que Dios lo bendiga, abríguense y aliméntese! Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? De la misma manera, si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta. Pero alguien puede decir: Unos tiene fe, otros hacen buenas obras. Mi respuesta es que tú no puedes demostrarme que tienes fe si no haces nada. En cambio, yo te demuestro mi fe con las buenas obras que hago. ¿Crees que hay un solo Dios? ¡Que bien! Pero los demonios también creen que hay un solo Dios y tiemblan de miedo. No seas tonto, la fe sin hechos no sirve para nada. ¿Sabes por qué? Nuestro antepasado Abraham consiguió la aprobación de Dios por medio de sus hechos cuando ofreció a su hijo Isaac en el altar. Ahora puedes ver que al fe de Abraham libra de la mano con sus hecho. Su fe se perfecciono con el bien que hizo. Es así como se cumplió lo que dicen las Escrituras. Abraham creyó a Dios, quien tomo en cuenta la fe de Abraham y lo aprobó. Por esa razón, Abraham fue llamado amigo de Dios. Como puedes ver, Dios aprueba un hombre no solamente por la fe que tenga, sino también por lo que haga. Otro ejemplo es Rahab, la prostituta. Fue aprobada por Dios por lo que hizo cuando recibió a los mensajeros de Dios en su casa y luego los ayudo a escapar por otro camino. De manera que así como un cuerpo que no tiene espíritu está muerto, así también una fe que no tienes hechos está muerta.
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