sábado, 30 de octubre de 2010

FE Y BUENAS OBRAS


Hermanos míos, ¿de qué puede servir que alguien diga que tiene fe si no hace el bien? ¿Lo podrá salvar esa clase de fe? Supongamos que un hermano tiene necesidad de vestido o comida. Llega uno de ustedes y le dice: ¡Que Dios lo bendiga, abríguense y aliméntese! Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? De la misma manera, si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta. Pero alguien puede decir: Unos tiene fe, otros hacen buenas obras. Mi respuesta es que tú no puedes demostrarme que tienes fe si no haces nada. En cambio, yo te demuestro mi fe con las buenas obras que hago. ¿Crees que hay un solo Dios? ¡Que bien! Pero los demonios también creen que hay un solo Dios y tiemblan de miedo. No seas tonto, la fe sin hechos no sirve para nada. ¿Sabes por qué? Nuestro antepasado Abraham consiguió la aprobación de Dios por medio de sus hechos cuando ofreció a su hijo Isaac en el altar. Ahora puedes ver que al fe de Abraham libra de la mano con sus hecho. Su fe se perfecciono con el bien que hizo. Es así como se cumplió lo que dicen las Escrituras. Abraham creyó a Dios, quien tomo en cuenta la fe de Abraham y lo aprobó. Por esa razón, Abraham fue llamado amigo de Dios. Como puedes ver, Dios aprueba un hombre no solamente por la fe que tenga, sino también por lo que haga. Otro ejemplo es Rahab, la prostituta. Fue aprobada por Dios por lo que hizo cuando recibió a los mensajeros de Dios en su casa y luego los ayudo a escapar por otro camino. De manera que así como un cuerpo que no tiene espíritu está muerto, así también una fe que no tienes hechos está muerta.

martes, 14 de septiembre de 2010

La ejecución de un Rey


Arresto, juicio y crucifixión.
¿Qué, pues, hare de Jesús, llamado el Cristo? Todos les dijeron: ¡Seas crucificado¡ Mateo 27:26.
Con un lenguaje sobrio y sin adornos, los últimos tres capítulos de Mateo, concentran las ironías profundas de la vida de Jesús. Desde la primera oración. Mateo ha estado enfatizado que Jesus es el Mesías, un verdadero rey. A este evangelio a veces se lo llama “real”. Por referirme tantas veces al reino.
    Pero al fin de su vida, el mismo hombre cuyo nacimiento había hecho que sabios del oriente cruzaran un continente para adorarle, fue vendido como si fuese un esclavo, por treinta piezas de plata. Jesús recibió al fin un manto real y una corona, pero como una burla cruel. La sangre de las heridas de su espalda mancho el manto, y la corona de espinas hizo correr más sangre por su rostro.
     Poco tiempo antes, el había reprendido a los líderes religiosos con sus acusaciones. Pero cuando toco a ellos ponerlos en el estrado y acusarlo, su fuerte permaneció mayormente en silencio.
La defensa de Jesús
     Los enemigos de Jesús los hicieron dos preguntas principales: “¿Eres tu el rey de los judíos?” y “¿Eres tu el Mesías?” El contesto simplemente: “Si, ustedes lo dicen”, confirmando así los temas principales que se han ido entretejiendo a lo largo del evangelio según Mateo 27:11. Finalmente fue ejecutado y su “crimen” el de ser su rey- apareció escrito sobre su cuerpo santificado.
      Jesús era verdaderamente un rey, pero no del tipo que la gente lo esperaba. Aun sus discípulos, que aun había conocido a Jesús íntimamente durante tres años, fueron acobardados por sus dudas.
     La historia de Jesús, sin embargo no termina con la escena de su muerte en el capítulo 27 de Mateo. El Viernes Santo nunca habría llegado a ser “santo” sin el milagro que se describa más adelante. ¡El Rey volvió! Y el escritor que comenzó su libro señalando las raíces judías de Jesús, lo culmina con el apremiante llamado a llevar las buenas nuevas a todas las naciones.
Preguntas vitales: La gente que crucifico a Jesús - ¿Qué odiaban en él? ¿Sucede lo mismo hoy en día?

Cristo Viene

sábado, 21 de agosto de 2010

LA COMA DESPLAZADA

No hay justo, ni aun uno. – Romanos 3:10. 

Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados. - Isaías 44:22. 

Se cuenta que un ministro de justicia presentó a su rey un pedido de gracia, es decir, un indulto, solicitado por un hombre condenado a una larga pena de prisión. Bajo el texto de la solicitud, el ministro había escrito: «Gracia imposible, retener en la cárcel». 
El rey leyó atentamente el pedido de remisión de la pena, tomó la pluma y desplazó la coma hacia la palabra anterior, lo que dio la siguiente frase: «Gracia, imposible retener en la cárcel»; y el rey agregó: «Aprobado» y firmó el escrito. Así el condenado fue indultado y liberado. 

Quizás usted no esté bajo el peso de semejante condena, pero es un pecador como yo, y por esta razón es culpable ante Dios. El veredicto de Dios es inapelable: todos pecaron, todo el mundo es culpable ante Dios (Romanos 3:10, 19). Pero he aquí la maravillosa noticia: podemos ser “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús… por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:24-25). 

El rey había desplazado la coma y por eso el hombre fue indultado, pero no por ese motivo pasó a ser justo. 

Dios hizo mucho más que esto. Indultarnos le costó un precio inmenso: dio a su amado Hijo quien, cargado con nuestros pecados, soportó el castigo bajo el juicio divino. Desde entonces la justicia de Dios está satisfecha y nosotros, los que creemos, somos salvos: “La sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).